¿Qué es inclusión financiera y por qué no basta con entregar un crédito para transformar una vida?

En el Perú podemos abrir miles de cuentas bancarias, desembolsar millones de soles en créditos y desarrollar mejores plataformas financieras. Pero si las personas no saben administrar su dinero, comprender sus deudas o tomar decisiones responsables, ¿realmente estamos logrando inclusión financiera?
Después de más de 20 años trabajando en banca, microfinanzas y emprendimiento, he llegado a una convicción que hoy forma parte de lo que hacemos en Tappoyo:
La verdadera inclusión financiera no consiste solamente en darle acceso al dinero a una persona. Consiste en darle herramientas y conocimientos para que ese dinero contribuya a mejorar su vida.
Y cuando hablamos de mujeres emprendedoras en situación de vulnerabilidad, esta diferencia puede ser determinante. Lanzamiento Autores que dejan h…
¿Qué es realmente la inclusión financiera?
La inclusión financiera significa que las personas puedan acceder y utilizar servicios financieros seguros, adecuados y de calidad. La Superintendencia de Banca, Seguros y AFP —SBS— la explica a partir de tres dimensiones: acceso, uso y calidad.
No basta con que una persona tenga una cuenta bancaria, una billetera digital o un crédito. También debe poder utilizarlos correctamente y comprender las decisiones que está tomando.
Pensemos en una emprendedora que vende ropa en un mercado. Tiene una cuenta bancaria, recibe pagos por Yape y consiguió un préstamo para comprar mercadería.
A simple vista, podríamos decir que está incluida financieramente. Pero ¿qué sucede si no sabe cuánto gana realmente? ¿Si mezcla el dinero del negocio con los gastos de su casa? ¿Si desconoce cuánto de sus ingresos puede destinar al pago de una deuda?
Tiene acceso a herramientas financieras, pero todavía necesita conocimientos para utilizarlas mejor.
Tener acceso a un producto financiero no significa necesariamente tener bienestar financiero.
La inclusión financiera en el Perú: todavía tenemos brechas
El Perú ha avanzado en digitalización financiera. Hoy una cuenta bancaria o una billetera digital permite realizar en segundos operaciones que antes exigían desplazarse hasta una agencia.
Pero las brechas siguen siendo importantes.
Según Global Findex 2025, en 2024 el 56,2 % de las mujeres peruanas mayores de 15 años tenía una cuenta financiera, mientras que entre los hombres la cifra alcanzaba el 62,5 %.
Hay otro dato que para mí resulta incluso más relevante.
La Encuesta Nacional de Capacidades Financieras 2026, elaborada por la SBS y CAF, encontró que solamente el 22 % de los adultos alcanza un nivel alto de capacidades financieras.
Entre las mujeres, esa cifra baja al 20 %. Además, el 27 % de las mujeres presenta capacidades financieras limitadas y, en las zonas rurales, esa situación alcanza al 38 % de los adultos.
Esto nos dice algo muy concreto: ampliar el acceso es importante, pero también necesitamos ayudar a las personas a comparar, preguntar, entender y decidir mejor.
Las mujeres emprendedoras enfrentan barreras que van más allá del acceso al dinero
Muchas mujeres emprendedoras generan ingresos todos los días, pero no siempre pueden demostrarlos mediante los mecanismos tradicionales que utilizan las entidades financieras.
La informalidad tiene mucho que ver con esto.
Según el INEI, durante el periodo abril de 2025 a marzo de 2026, el 72,1 % de las mujeres ocupadas en el Perú tenía un empleo informal, frente al 68 % de los hombres.
A esto se suman otras dificultades: responsabilidades familiares, poco tiempo para capacitarse, jornadas extensas y menor acceso a herramientas para mejorar sus negocios.
Pero también existen barreras que no siempre aparecen en una evaluación financiera.
El miedo a endeudarse. La inseguridad para tomar decisiones. Una mala experiencia anterior. La dificultad para organizar el dinero. O simplemente la sensación de que crecer puede implicar un riesgo que no saben cómo manejar.
Por eso, cuando trabajamos con mujeres emprendedoras, necesitamos comprender su situación económica, pero también su contexto personal, familiar y emocional.
No podemos ayudar a cambiar una realidad que primero no hemos aprendido a comprender.
Educación financiera para tomar mejores decisiones
Existe una gran diferencia entre enseñarle a una mujer cómo solicitar un préstamo y ayudarla a entender si realmente necesita ese préstamo.
Imaginemos que una emprendedora solicita S/1.000 para comprar mercadería.
Antes de asumir esa deuda debería poder responder algunas preguntas sencillas:
¿Cuánto dinero necesita realmente?
¿Cuánto gana después de pagar sus gastos?
¿Cuánto puede destinar a una cuota sin afectar a su familia?
¿Qué pasaría si durante algunas semanas sus ventas disminuyen?
Cuando una persona comprende estas variables, puede tomar una decisión con mayor información.
Incluso podría concluir que necesita menos dinero, que debería esperar algunas semanas o que primero necesita ordenar mejor las finanzas de su negocio.
Y esa también sería una buena decisión financiera.
La inclusión financiera responsable no significa que todas las personas deban recibir un préstamo. Significa que puedan comprender lo que están asumiendo y elegir aquello que realmente les conviene.
Por qué desarrollamos educación financiera emocional en Tappoyo
Cuando comenzamos a construir nuestro modelo en Tappoyo, tenía claro que nuestro aporte no podía quedarse únicamente en facilitar financiamiento.
Queríamos contribuir al desarrollo integral de las mujeres emprendedoras.
Durante mi trayectoria profesional aprendí que muchos problemas financieros no se solucionan únicamente con dinero.
También intervienen los hábitos, la planificación, las creencias, la confianza personal y la manera en que enfrentamos nuestras decisiones.
Una persona puede saber perfectamente cuánto debe pagar y aun así administrar mal sus recursos. Puede tener un negocio rentable y sentir miedo de crecer.
O puede generar ingresos suficientes, pero no haber desarrollado el hábito de ahorrar.
Por eso concebimos nuestro programa de educación financiera emocional, que trabaja sobre tres componentes.
Educación financiera. Buscamos que las mujeres aprendan a administrar mejor sus recursos, diferenciar ingresos de ganancias, comprender sus obligaciones y utilizar el financiamiento de manera responsable.
Desarrollo personal y emocional. Trabajamos aspectos como confianza, autoestima, metas y relación con el dinero, porque todos ellos influyen en nuestras decisiones.
Fortalecimiento del emprendimiento. Incorporamos herramientas para mejorar los negocios, vender mejor, relacionarse con los clientes y desarrollar nuevas capacidades comerciales.

Lo importante no es que una mujer simplemente participe en una capacitación.
Lo importante es lo que comienza a hacer después.
Que calcule mejor sus ganancias.
Que identifique cuándo una deuda puede convertirse en un problema.
Que empiece a ahorrar.
Que tenga más seguridad para tomar una decisión.
Y que pueda utilizar esos conocimientos para fortalecer su negocio y su vida.
Aliadas en Acción: inclusión financiera desde las propias comunidades
La tecnología nos permite llegar más lejos y hacer los procesos más eficientes.
Pero hay algo que la tecnología por sí sola no reemplaza: la confianza.
Por eso desarrollamos la Red de Aliadas en Acción.
Las Aliadas son mujeres líderes de sus comunidades que ayudan a conectar a otras emprendedoras con oportunidades de financiamiento, formación y acompañamiento.
Orientan, ayudan a utilizar las herramientas disponibles y acompañan a las emprendedoras durante el proceso.
Las decisiones de aprobación crediticia corresponden siempre a Tappoyo, no a las Aliadas. Además, ellas mismas acceden a formación y nuevas oportunidades de desarrollo.
Y allí ocurre algo que considero muy valioso: una mujer fortalece sus propias capacidades mientras ayuda a que otras también puedan avanzar.
La inclusión financiera comienza entonces a construirse desde la cercanía, el conocimiento del territorio y la confianza entre personas.
El impacto no se mide solamente por cuánto prestamos
En el sector financiero estamos acostumbrados a medir desembolsos, número de clientes, crecimiento de cartera y rentabilidad.
Son indicadores necesarios.
Pero si queremos hablar seriamente de inclusión financiera, también debemos hacernos otras preguntas.
¿Mejoraron los ingresos de las emprendedoras?
¿Fortalecieron sus negocios?
¿Pueden afrontar mejor una emergencia?
¿Tienen mejores herramientas para administrar su dinero?
¿Sienten mayor control sobre sus decisiones económicas?
Nuestro Informe de Impacto 2024, realizado en alianza con Lucha Startup Studio y presentado por Tappoyo como un estudio basado en la metodología de 60 Decibels, reportó los siguientes resultados:
92 % manifestó que su calidad de vida había mejorado.
84,7 % reportó un incremento de sus ingresos mensuales.
33 % señaló haber accedido por primera vez a un crédito formal.
Además, el 58,3 % cumplió sus objetivos de ahorro y el 80,8 % manifestó una mayor capacidad para enfrentar emergencias financieras.
Estas cifras no significan que exista un resultado garantizado para todas las participantes. Son señales que nos permiten evaluar si estamos avanzando en la dirección que buscamos y, sobre todo, nos obligan a seguir midiendo y mejorando.
La inclusión financiera también debe medirse en bienestar
Hay un dato de la Encuesta Nacional de Capacidades Financieras 2026 que merece atención.
La SBS y CAF encontraron que el 73 % de los adultos peruanos presentaba un nivel limitado de bienestar financiero objetivo.
Entre las mujeres, la cifra alcanzaba el 79 %. Lanzamiento Autores que dejan h…
Esto demuestra que una persona puede tener una cuenta, utilizar una billetera digital e incluso acceder a un crédito y continuar viviendo en una situación económica frágil.
Por eso tenemos que observar qué ocurre después del acceso.
La tecnología permite atender a más personas. El financiamiento puede generar oportunidades. La educación ayuda a tomar mejores decisiones. Y el acompañamiento puede hacer que ese aprendizaje sea mucho más cercano a la realidad de cada emprendedora.
Mi reflexión final: inclusión financiera que mejora vidas
Después de más de dos décadas vinculado a las microfinanzas, sigo creyendo profundamente en el potencial del crédito para impulsar pequeños negocios.
Pero hoy tengo una convicción todavía más clara:
El verdadero éxito de la inclusión financiera no ocurre cuando entregamos un crédito. Ocurre cuando ese crédito, acompañado de educación y decisiones responsables, contribuye a mejorar la vida de una persona.
Esa es la mirada que inspira nuestro trabajo en Tappoyo.
No queremos limitarnos a financiar negocios.
Queremos contribuir a que más mujeres estén mejor preparadas, tengan mayor confianza en sus capacidades y cuenten con mejores herramientas para construir autonomía económica.
Porque cuando una mujer fortalece sus conocimientos y su confianza, no solamente puede mejorar su emprendimiento.
También puede influir positivamente en su familia y convertirse en una referencia para otras mujeres de su comunidad.
La inclusión financiera abre oportunidades. Saber cómo utilizarlas puede cambiar lo que una persona hace con ellas.
En Tappoyo trabajamos para que ambas cosas ocurran.
Porque nuestra misión va mucho más allá del dinero.
Queremos convertir mujeres invisibles en emprendedoras invencibles.
Sobre el autor

Rennzo Contreras
Co-fundador de Tappoyo Fintech
Cuenta con más de 20 años de experiencia en banca, microfinanzas, inclusión financiera y emprendimiento. Desde Tappoyo trabaja en soluciones de financiamiento, educación financiera y acompañamiento para mujeres emprendedoras. Su enfoque integra capital, riesgo, confianza e impacto sostenible, ideas que desarrolla también en su libro “Impacto que Sostiene”.




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